El mundo atónito viendo como los asesinos llamados Donald Trump y Netanyahú y sus secuaces bombardearon siete países en un año, siete –Irán, Irak, Siria, Somalia, Yemen, Venezuela y Nigeria–, ha secuestrado un presidente de Gobierno –Nicolás Maduro–, ha colaborado con los israelitas asesinando la cúpula dirigente iraní y a sus cientificos y familias que no les hacían nada y lleva más de tres semanas bombardeando Irán, un país que no representaba ninguna amenaza.
Trump, está protagonizando una operación contra el Gobierno y el pueblo cubano a través de la asfixia económica, alimentaria y energética del país; y lleva vociferando y auto alabándose por sus 159 asesinatos extrajudiciales en el Caribe y el Pacífico Sur, bombardeando embarcaciones a las que acusa de narcotraficantes sin tener la menor prueba.
Es un claro discípulo de la oscuridad alemana del 45, pero sin el trasfondo ideológico del exterminador. Simplemente, Trump es un demente peligroso.
Inaudito que alguien lo defienda fuera de su círculo de corruptos y scicópatas tiranizados por su imagen.
¿Qué está pasando en el mundo? ¿Nos hemos vuelto todos locos? De nuevo, y algo que nunca hubieramos imaginado, el presidente español Pedro Sánchez, fue el primer gobernante del mundo occidental que plantó cara al genocidio sionista contra los palestinos —del que ya casi no se habla pero que sigue activo—, que ha propuesto controlar la participación de los menores de 16 años en las adictivas redes sociales, que se ha negado a que los EE.UU usen las bases militares que tienen en territorio español para que sus aviones hagan escala de cara a seguir con la ilegal guerra contra Irán.






