El portaviones USS Gerald Ford, uno de los dos grandes grupos de ataque desplegados por Estados Unidos en Oriente Medio, se retira a Creta.
El buque sufre daños importantes por el incendio que registró el 12 de marzo y, sobre todo, incómodos. El fuego se originó en la lavandería y consumió numerosas camas de la tripulación. Desde entonces, más de 600 marineros y soldados se ven obligados a dormir en el suelo o encima de mesas improvisadas como camastros.
Tampoco han podido lavar la ropa.
Medios como The Telegraph y The New York Times han destacado que la moral de los 4.500 marineros y pilotos a bordo es muy baja. El USS Gerald Ford entra en su décimo mes de despliegue. Movilizado inicialmente en su campo de acción, el Mediterráneo, ha enlazado otras dos misiones sin interrupción desde el final del verano: el cerco a Venezuela y ahora la protección del territorio israelí frente a los misiles de Irán.
La tripulación no ha tenido ocasión de bajar a tierra ni tomarse un descanso. y, según fuentes cercanas al caso, ofrece síntomas de agotamiento. En la Armada de Estados Unidos, que un portaviones supere los seis meses de actividad continua en tiempos de paz es muy extraño.
Se desaconseja por los efectos anímicos sobre la tropa y el desgaste del propio navío. Incluso el Departamento de Defensa admite que un servicio intenso y demasiado prolongado puede afectar al rendimiento del buque.
Irak y Afganistán
La Marina mantuvo en acción constante a sus portaviones durante nueve meses en las guerras de Irak y Afganistán. Solo el USS Abraham Lincoln ha estado en una situación más dura. En el 2020 pasó un total de 294 días desplegado, lo que supuso un récord que ningún otro portaviones había alcanzado desde la guerra de Vietnam. Pero ahora el USS Gerald Ford puede romper ese techo si, como indican sus órdenes, debe seguir de servicio hasta mayo en Oriente Medio.
Los tripulantes y pilotos tienen otro problema. El portaviones más sofisticado y poderoso de la mayoría de los ejércitos del mundo sufre atascos constantes de los inodoros.
El problema es recurrente desde que se hizo a alta mar hace casi diez meses. La nave cuenta con 650 aseos, muchos de los cuales permanecen inutilizados y obligan a la tropa a hacer largas colas delante de los útiles. «Los incidentes de obstrucción son abordados rápidamente por personal capacitado de control de daños e ingeniería, con un tiempo de inactividad mínimo», reconoce un portavoz de la Armada, pero los inodoros siguen cegándose para bochorno de un navío cuyo coste asciende a 13.000 millones de dólares.






