PERON en la inteligencia artificial

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Concretar a Perón en el S.XXI no es repetir consignas. Es testaurar una matriz filosófica simple práctica profundamente humanista profundamente cristiana.

Perón advirtió que el peor peligro del capitalismo no era la pobreza, sino la insectificación del hombre: la reducción del trabajador a pieza anónima de una máquina deshumanizante.

La inteligencia artificial no hace más que profundizar esa lógica. Hoy, el algoritmo no solo disciplina cuerpos, sino que coloniza el deseo, predice la conducta y vacía el sentido del trabajo. Hoy no lo estamos viendo con claridad, seguramente en la próxima década sí, pero, ya será tarde.

El justicialismo no es tecnofóbico. No propone destruir las máquinas, sino subordinar la técnica a la ética. La Tercera Posición del S.XXI ya no es entre capitalismo y comunismo.

Es entre vida y algoritmo, entre arraigo y virtualidad, entre comunidad y dato. No se trata de elegir entre más Estado o más mercado, sino de poner ambos al servicio de la persona humana y su comunidad.

¿Qué significa esto en concreto?
Soberanía digital: los datos no pueden ser propiedad privada de corporaciones extranjeras. Son bienes comunes. La IA no debe reemplazar al trabajador, sino potenciar su creatividad. Los algoritmos deben ser auditables, transparentes y entrenados con criterios de justicia social, no de lucro.

Perón enseñó que “gobernar es crear trabajo”. En la era de la automatización, eso implica proteger el empleo humano en sectores sensibles (educación, salud, cultura) y reconvertir con dignidad donde la máquina es inevitable. No se trata de resistir el futuro, sino de darle un rostro humano.

La gran pregunta no es si la IA va a cambiar el mundo. Ya lo está haciendo, y no se detendrá. La pregunta es: ¿quién decide los fines de esa tecnología? ¿El mercado, el algoritmo o el pueblo organizado?

El justicialismo debe responder con claridad: la técnica debe servir al bien común, no redefinir al hombre. La inteligencia artificial comunitaria es posible si se la entrena con amor, con justicia y cosmovisión.

Perón sigue siendo vigente porque supo que la política no es administración, sino conducción espiritual del destino colectivo. En la era de los algoritmos, esa conducción es más necesaria que nunca.

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