Jeremy Rivera creció como católico, pero a los 18 años abandonó la Iglesia. Durante sus años universitarios se introdujo profundamente en el mundo evangélico y llegó a convertirse en pastor, sirviendo en diferentes comunidades de Hawái, California y Colorado.
Durante años estuvo convencido de que el catolicismo era un error.
Pero entonces comenzaron las preguntas.
¿Dónde está la Iglesia que Cristo fundó?
¿Quién tiene autoridad para enseñar la fe?
Qué creían realmente los primeros cristianos?
Qué lugar ocupan la Eucaristía, María, los santos y la Tradición?
Rivera comenzó a estudiar la Iglesia de los primeros siglos y descubrió algo que no podía ignorar: la historia del cristianismo no podía separarse tan fácilmente de la Iglesia Católica.
Él mismo llegó a anhelar una conexión más profunda con la Iglesia primitiva, la vida de los santos y la autoridad del Magisterio.
Y mientras más buscaba, más difícil se volvía ignorar sus propias preguntas.
Uno de los momentos importantes de ese camino fue su encuentro con el entonces arzobispo de Denver, Charles Chaput. Finalmente, en 2006, Jeremy regresó a la Iglesia Católica.
Pero volver no significó que todas sus dudas desaparecieran de inmediato.
Tuvo que enfrentarse nuevamente a preguntas sobre la Eucaristía, María, la Tradición y la autoridad de la Iglesia.
Especialmente difícil fue su relación con la Virgen María. Rivera ha contado incluso una experiencia relacionada con el aroma de rosas durante una actividad de FOCUS que, según su propio testimonio, ayudó a derribar parte de la resistencia que llevaba dentro.
Pero quizá una de las partes más conmovedoras de su historia comenzó mucho antes.
En la Nochebuena de 1985, cuando tenía apenas diez años y sufría por la separación de sus padres, Jeremy clamó a Dios mientras estaba en la ducha.
Según su propio relato, experimentó profundamente la presencia del Espíritu Santo.
Su madre percibió que algo había sucedido. Entonces tomó un crucifijo italiano que había escondido para regalárselo en Navidad y se lo entregó aquella misma noche.
Décadas después, aquel crucifijo todavía permanece en su cocina.
Dios había comenzado a escribir una historia que Jeremy tardaría años en comprender.
Su testimonio también estuvo marcado por momentos difíciles y decisiones dolorosas que lo llevaron a replantearse profundamente su relación con Dios.
Y llegó a comprender algo fundamental:
La conversión no es solamente un momento. Es un camino.
No basta con haber tenido una experiencia religiosa en el pasado. No basta con llamarnos católicos. No basta con asistir a Misa por costumbre.
❤️ Cristo quiere transformar nuestra vida entera.
Rivera ha expresado esta idea diciendo que Dios invita a cada cristiano a una conversión y transformación continuas.
Y esto es una llamada también para nosotros.
Porque podemos alejarnos de Dios incluso estando dentro de una iglesia.
Podemos acostumbrarnos a la fe.
Podemos convertir la oración en rutina.
Podemos recibir los sacramentos sin dejar que Cristo cambie nuestro corazón.
📖 «Conviértanse y crean en el Evangelio.»
— Marcos 1,15
Hoy Jeremy Rivera dedica parte de su trabajo a la evangelización y formación católica. Ha colaborado con FOCUS y participado en proyectos de comunicación y producción audiovisual relacionados con la fe.
Su historia también ha llegado a miles de personas a través de sus testimonios y apariciones en medios católicos, incluido The Chris Stefanick Show. (Diocese of Venice)






